Del Amor al Prójimo, Zaratustra

Vosotros os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para expresar ese apretujar. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.

Huís hacia el prójimo huyendo de vosotros mismos, y quisierais hacer de eso una virtud: pero yo veo a través de vuestro «desinterés».

El tú es más antiguo que el yo; el tú ha sido santificado, pero el yo, todavía no: por eso corre el hombre hacia el prójimo.

¿Os aconsejo yo amor al prójimo? ¡Prefiero aconsejaros escapar de vuestro prójimo y amar al más lejano!

Más elevado que el amor al prójimo es el amor al más lejano y al venidero; más alto aún que el amor al hombre es el amor a las causas y a los fantasmas.

Ese fantasma que corre delante de ti, hermano mío, es más bello que tú; ¿por qué no le das tu carne y tus huesos? Pero tú tienes miedo y corres hacia tu prójimo.

No conseguís soportaros a vosotros mismos y no os amáis bastante: por eso queréis seducir al prójimo a que ame, y a doraros a vosotros con su error.

Yo quisiera que no soportaseis a ninguna clase de prójimo ni a sus vecinos; así tendríais que crear, sacándolo de vosotros mismos, vuestro amigo y su corazón exuberante.

Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis inducido a pensar bien de vosotros también vosotros mismos pensáis bien de vosotros.

No miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino ante todo, aquel que habla en contra de lo que no sabe. Y así es como vosotros habláis de vosotros en sociedad, y, además de a vosotros, mentís al vecino.

Así habla el necio: «el trato con hombres estropea el carácter, especialmente si no se tiene ninguno».

El uno va al prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro, porque quisiera perderse. Vuestro mal amor a vosotros mismos es lo que convierte vuestra soledad en un cautiverio.

Los más lejanos son los que pagan vuestro amor al prójimo; y en cuanto os juntáis cinco, siempre tiene que morir un sexto.

Yo no amo tampoco vuestras fiestas: demasiados comediantes he encontrado siempre en ellas, y también los espectadores se comportaban a menudo como comediantes.

Yo no os enseño el prójimo, sino el amigo. Sea el amigo para vosotros la fiesta de la Tierra y un presentimiento del superhombre.

Yo os enseño el amigo y su corazón rebosante. Pero hay que saber ser una esponja si se quiere ser amado por corazones rebosantes.

Yo os enseño el amigo que lleva en sí un mundo disponible, una envoltura del bien,- el amigo creador, que siempre tiene un mundo disponible para dar.

Y así como una vez el mundo se desplegó para él, así volverá a plegársele en anillos, como la evolución del bien a través del mal, como la evolución del devenir por el azar.

Que el futuro y lo remoto sean para ti la causa de tu hoy: en tu amigo debes amar al superhombre como tu razón de ser.

Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al más lejano.

@3 months ago